Educar para la Paz: La Revolución de Maria Montessori
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En medio de conflictos y actores anhelantes de guerra, hablar sobre la paz, no solo es necesario, es urgente, es imprescindible ¿cuántas vidas cobra la guerra hoy? Es una pregunta difícil por la dureza de la realidad que refleja, pero es fundamental hacerla para entender el panorama global actual. Nos encontramos en uno de los momentos más violentos de la historia reciente. Según los datos más actualizados para 2025 y principios de 2026 de organizaciones que monitorean la violencia global, se estima que entre 650 y 700 personas mueren cada día a causa de la violencia directa en conflictos armados a nivel global. Esto se traduce en aproximadamente 240,000 a 250,000 víctimas fatales al año.

En medio de este escenario pensar en la paz, como tratados internacionales o apretones de manos entre presidentes o el simple cese al fuego en una zona de conflicto, es insuficiente. Maria Montessori, quien vivió de cerca los horrores de las dos guerras mundiales, construyó el concepto de educación para la paz, entendiendo que la paz política era apenas una ilusión temporal. Para ella, la verdadera paz no era la ausencia de guerra, sino el triunfo de la justicia y un estado de equilibrio humano. Y ese estado, afirmaba, sólo puede construirse desde y con las infancias..
La trampa de la competencia escolar
Montessori fue una de las primeras pensadoras en señalar una profunda contradicción en nuestra sociedad: anhelamos la paz, pero nuestras instituciones están diseñadas para la guerra. Ella criticó duramente el sistema educativo tradicional, argumentando que sembraba las semillas del conflicto desde los primeros años de vida.

"Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz. La gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra."
En un aula donde los niños son clasificados, donde se premia al "mejor" y se castiga o ignora al que se equivoca, se fomenta la rivalidad. Se entrena a los individuos para luchar por la dominación. Montessori propuso un cambio radical:espacios educativos basados en el buen trato, la cooperación y la solidaridad, la solución de conflictos, donde el éxito de uno no significa el fracaso del otro.
Las infancias como esperanza de la humanidad
Los adultos, argumentaba Montessori, ya estamos moldeados por una sociedad llena de prejuicios, nacionalismos y barreras. Si intentamos enseñar la paz desde nuestra perspectiva rota, fracasaremos. La única vía real para regenerar a la raza humana es la niñez.
"Establecer una paz duradera es obra de la educación; lo único que puede hacer la política es librarnos de la guerra."

Para lograr esto, debemos criticar duramente nuestros actos adulto-centristas de imposición, es nuestra responsabilidad generar entornos de libertad y respeto. Un ser que crece sin ser oprimido, que desarrolla autodisciplina a través del trabajo concentrado y libre, que crece y desarrolla sus potencialidades y capacidades en cooperación, se convierte en un adulto pacífico y dueño de sí mismo. La guerra y sus gestores, advertía Montessori, se aprovechan de las masas que han sido educadas en la sumisión ciega.
"Una educación capaz de salvar a la humanidad no es una empresa pequeña; implica el desarrollo espiritual del ser humano, la mejora de su valor como individuo y la preparación de los/as jóvenes para comprender los tiempos en que viven.4"

Una visión cósmica e interconectada
La guerra establece una línea discursiva sobre la otredad desde la idea de peligro, el otro peligroso, el otro diferente, el otro que conlleva una amenaza, el otro que no merece la vida tanto como yo. Montessori critica esta idea desde el concepto de la Educación Cósmica que implica la interconectividad de los seres, mostrándonos que somos necesarios unos para los otros, que somos parte de una vasta red de interdependencia.
Dependemos del sol, del agua, de las plantas, de los
animales y del trabajo incansable de seres humanos en culturas lejanas que nunca conoceremos. Cuando las infancias comprenden profundamente que la humanidad es un solo organismo interrelacionado, las fronteras artificiales pierden su sentido y el respeto por el otro nace de forma natural.
Construir, no solo desear
La Educación para la Paz de Maria Montessori no es una asignatura, un texto, un discurso. Es una forma de vivir, de relacionarnos, es una forma de ser. Es entender que si queremos cambiar el mundo, no necesitamos mirar a los parlamentos, a los estados, sino a l@s niñ@s. Son las infancias, en palabras de Montessori, nuestra mayor promesa y nuestra guía hacia un futuro genuinamente pacífico, justo, equitativo y libre.



