El lenguaje se desarrolla en la vida
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Desde la visión integralista del método Montessori, el lenguaje es el fruto de la vida colectiva y la cultura. En la Unidad Educativa “El Trébol” Montessori así lo comprendemos y asumimos la formación lingüística como la expresión del acuerdo que se establece en una comunidad.
El ser humano, después de su nacimiento se prepara para la adquisición gradual de sus aprendizajes lingüísticos, pues a partir de la escucha, imperceptible para el mundo exterior, la mente del bebé absorbe el habla; en principio, de su entorno familiar debido a una sensibilidad exclusiva al lenguaje verbal. Es preciso tener en cuenta que el contacto interpersonal del niño, en un ambiente de cuidado y afecto, es vital para que realice esa asimilación íntima de los elementos del lenguaje.
Transcurrida esta etapa previa, el vocabulario del niño se enriquecerá conforme crezca su medio social; pronto la adquisición del lenguaje sucederá como parte de su formación escolar.
En la educación montessoriana se procura el habla natural de los niños entre sí o con sus educadores; gracias al ambiente de trabajo que permite el diálogo espontáneo sobre los intereses individuales. De esa manera se consigue desarrollar un lenguaje auténtico que se eleva, con la acción perfeccionadora de la guía.

La experiencia cotidiana en este sentido, la vivimos a diario en la jornada de trabajo cuando niñas, niños y guía ejercitamos los códigos respetuosos de toda conversación; se solicita la palabra para presentar las ideas individuales, mientras el resto escucha, activamente, lo que se comunica. Los conocimientos se dialogan en situaciones de real intercambio de la palabra.
Tras el progreso del aprendizaje verbal que dota al estudiante de un extenso vocabulario, este se encuentra atraído por su lenguaje, entonces la escritura y lectura le permiten profundizar en las peculiaridades lingüísticas. Acorde al periodo sensible de su adquisición, el niño ha tenido un entrenamiento sensorial que le permite llegar con destrezas motrices para controlar su mano y realizar movimientos precisos, de mucha utilidad a la hora de escribir.
Adicionalmente, los sonidos de las letras son presentados por medio del material concreto que se apoya en la vivencia visual y táctil, las letras de lija invitan al niño a pasar los dedos índice y corazón por la superficie áspera de cada grafía, al tiempo que se pronuncia su sonido. De esa manera capta y construye su conciencia fonológica de las letras a las que asocia con el vocabulario que conoce y que le rodea. Lo siguiente es su familiarización con el alfabeto móvil que le permite juntar sonidos y formar palabras sencillas, provenientes de un contexto significativo provisto por las cajas de objetos.

Ahora, los libros de escritura son el material que inicia a los estudiantes en un proceso del que se apropia y le permite escribir palabras para, luego, fluir con frases cortas. Desde esa “eclosión de la escritura”(1), la tarea de escribir estará vinculada a la expresión de sus propias ideas, según su necesidad social (cartas, avisos, historias, poemas, entre otras). La producción escrita avanzará hacia estrategias de planificación, redacción y corrección de textos académicos, estructurados en párrafos, cuyos temas surgirán de los genuinos intereses del estudiantado, en articulación con los demás conocimientos adquiridos en otras áreas.
En cuanto al desarrollo de la lectura, hay que reconocer que conlleva una madurez mental que les permite a los niños realizar un proceso abstracto, en el que se apropian de lo que otro ha escrito. Desde el inicio, les guiamos a la lectura global en la que se asocian imágenes con palabras, es importante que se entienda lo que se lee y, para ello, en la clase contamos con algunas cajas de lectura con diversas temáticas tratadas en las áreas de Ciencias Culturales. Al tiempo que el proceso lector avanza, el material concreto acompaña y se complejiza con tarjetas descriptivas de dificultad progresiva, para pasar por la lectura de cuentos predecibles, hasta llegar a la lectura permanente de libros, acordes al nivel y gusto de los niños, niñas y adolescentes.
La comprensión lectora se alcanza gracias a los ambientes que les permiten a los estudiantes familiarizarse con esta actividad valiosa a la que se acercan con su voluntad y criterio, con el que se guían a la hora de incrementar los niveles interpretativos y críticos de las obras literarias.
La gramática, una llave de entrada a la palabra verdadera
En nuestra formación lingüística, los niños tienen un vivo interés por la diversidad de las palabras, desde el inicio de su periodo sensible al aprendizaje de la lengua. Por ello, la gramática es tenida en cuenta para enriquecer el lenguaje oral y escrito; al principio se conduce al niño al reconocimiento de la función de esas palabras que tienen un lugar en las frases.
El relato de la historia de la lengua acompaña la presentación nocional del sustantivo, cuya misión para la humanidad ha sido la de nombrar todo lo que le rodea. Así mismo se lo simboliza con una pirámide negra que lo representará en todos los trabajos de identificación.
Cada palabra que conforma una oración tiene su función y símbolo en la gramática Montessori; todos se articulan a elementos que provienen de la naturaleza, de la cual hacemos parte.

Los símbolos son para los estudiantes un “alfabeto del pensamiento” (2), que les permite ordenar la gran cantidad de palabras que existen y adquieren una categoría; palabras que más adelante, serán conceptualizadas.
Nuevamente, el material concreto del método Montessori hace posible el aprendizaje de la Gramática de forma consciente e independiente, pues permite llegar por uno mismo al entendimiento morfológico de la oración.
Esta identificación se especializa cuando llega el momento de conocer la clasificación de cada categoría, a través de cajitas que contienen ejemplos de los tipos de sustantivos, adjetivos, artículos. También, se profundiza al aprender las conjugaciones verbales de los tiempos simples y compuestos. Acá, nuevamente, los carteles de los tiempos verbales y las tarjetas de las conjugaciones guían el trabajo manipulativo que se transforma en una experiencia significativa y motivadora.
Con todo ese bagaje lingüístico, nuestro proceso del conocimiento de la lengua llega al estudio lógico de los textos, a través de discos y flechas, para analizar la sintaxis de las frases, en las que se reconoce el sujeto y predicado, además de los complementos.
Cada fase de nuestro proceso de formación lingüística apela a la confianza en las capacidades de la niñez, al respeto de sus periodos sensibles y ritmos de aprendizaje. Con la claridad de brindarle las herramientas necesarias para construir su conocimiento del lenguaje, con el rigor que requiere esta área; pero al mismo tiempo, con la misión de forjar en cada niño la disciplina y el esfuerzo, que surge de su gusto e interés por el trabajo. Hasta educar usuarios de la lengua que comprendan la vital importancia de dominarla, para recrear nuevos sentidos en la sociedad, hacia una humanidad que defienda la verdad y exactitud de la palabra.











